“Diego está triste, solo y preocupado” decía aquella tapa de El Gráfico de abril de 1986. Y en la página 3, el título de apertura de la nota estaba en línea con el concepto: “El ídolo triste”. A Maradona se lo veía sentado sobre una pelota, con la mirada perdida en el más allá. Y con barba.
Por ese presente, por ciertas cosas que habían pasado antes y por otras que pasarían después, resultó inevitable interpretar que, cada vez que a Diego se lo veía con barba, era una señal directa de un bajón en su estado de ánimo.
Sin embargo, desde aquellos ochentosos días hasta los actuales, Maradona, fiel sólo a sí mismo, ha sorprendido en apariciones con su cara cubierta en otras ocasiones, lo que puede hacer pensar, también, que la barba siempre está cuando hay desafíos cruciales por delante. Como si se dejara la barba para pedirle… “al Barba”.
Aquella vez, tenía por delante nada menos que el Mundial de México 86. Se lo veía más o menos así.

Ahora, tiene por delante nada menos que el Mundial de Sudáfrica 2010. Y se lo ve así.

Pero hubo más…
Antes de regresar a la Selección, para jugar el Mundial de EEUU 1994, se lo vió bien flaco y… con barba.

En septiembre de 1995, antes de volver a jugar en Boca, en Seúl, no sólo se dibujó una barba candado, sino que se pintó el famoso mechón. Con deditacoria y todo… “Todo en repudio”


Poco después, se fue a afrontar otro desafío: presentarse ante los estudiantes de la Universidad de Oxford, donde recibió el título honorífico de “Master Inspirator”, por considerarlo un “maestro inspirador de los que todavía sueñan”.

En enero de 2004, en cambio, estaba ante desafíos más urgentes. Salvar su vida. No se lo vió nada bien en Grecia. No tenía barba, pero sí bigotes. Y muchos kilos.

En diciembre había mejorado un poquito, sólo un poquito. Algo debía hacer para seguir viviendo. Se lo pidió “al Barba”.

Lo logró. Hoy espera el Mundial, como DT de la selección, con barba. Pero con Maradona, nada es para siempre.

por: Daniel Arcucci
Fuente: www.canchallena.com
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